De nuevo, la sección de barrancos del club organizaron una salida completa de fin de semana para realizar un viaje algo más largo y buscar descensos algo distintos de los que nos suele ofrecer Cantabria y alrededores.

Así, el viernes emprendieron el viaje dirección a la Sierra de Guara (Huesca) sin el total convencimiento de las actividades a realizar dado que las lluvias de los días previos obligaban a comprobar los caudales.

El sábado, tras la pertinente consulta telefónica para conocer el nivel del río y posible suelta de presa, se pudo realizar la primera opción que se barajaba, el Palomeras del Flumen. Una aproximación de media hora descendente sirvió para activar al grupo antes de adentrarse en la perfecta endidura entre la Peña de San Miguel y Peña del Fraile a un lado y Peña de Amán al otro. Barranco estético, técnico y muy excarvado que requiere una buena previsión previa por riesgo de alto caudal o posibles crecidas. La exigüidad y el tipo de roca, conglomerado, le aporta una gran belleza. Al salir de éste, aún quedaba un largo retorno de hora y media, en el que surgieron discrepancias, quienes optaron por el camino ancho y quienes preferían pincharse por los matorrales.

Ese día aún quedaba un largo trayecto, puesto que la siguiente opción se encontraba en el pirineo francés. Hora y media larga de vehículo hasta llegar al parking del Soussoueou. El caudal era el óptimo así que, sin perder tiempo para que no cayese la noche, realizamos la aproximación más larga pero también la más bonita. El descenso, al conocerlo, fue muy rápido y acuático. Consecución constante de toboganes, saltos y destrepes que nos hicieron mantener la sonrisa a lo largo de la hora y media que duró la actividad. Aún había la suficiente luz para comprobar si se puede completar sin cuerda, y en efecto se puede.

Una cena comunitaria que el cansancio evitó que se prolongara en exceso y es que todos tenían presente que aún quedaba un día largo.

A la mañana siguiente, fría y despejada, nos preparamos para ir al aparcamiento del Bitet a escasos kilómetros de donde nos encontrábamos. Este es el que más preocupación nos trasmitía en cuanto a caudal pero nuevamente el caudalímetro dio luz verde (más bien roja), y comenzamos la aproximación como un sputnik. La media hora de ascenso por la pista, logró hacer entrar en calor al grupo para afrontar el duro reto, meternos en el neopreno mojado y gélido.

Este fue un descenso muy largo, en el que los contratiempos se suplieron con humor y algún que otro bailoteo. Por realizar una descripción se podría decir que es un barranco de 5-6 horas con toboganes vertiginosos, gorgas únicas con rápeles espectaculares y enormes caos de troncos que ponen a prueba la resistencia física del que se atreve a entrar.

Como colofón final, un saltito que alguno decidió hacer en “Freestyle” y comerse el agua de morros.

Al final, se regresó a Santoña un poco pasados de hora, como siempre, pero con la satisfacción de haber podido afrontar todos los barrancos que se habían previsto.

 

Participantes: Carlos Z., Carmen L., Carmen Z., Manu C., Jonathan A., Odri Q., Edu M., César F.

Fotos de la actividad: https://goo.gl/photos/D9mrrNwK5J45k5bUA