Montaña

Ha sido la primera actividad del club de manera oficial tras el estado de alarma, el confinamiento y la desescalada. Estaba programada desde primeros de años y nos pareció una manera de probar como no adaptamos a la “nueva normalidad”. Es por ello que la actividad solo se abrió a nuestros socios reduciendo así la participación. Se eligió una ruta por Picos de Europa de fin de semana durmiendo en el Refugio de la Vega de Urriellu, ya que era el único que aun quedaban plazas, más de un mes antes de la realización de la misma. Por lo tanto la elección del refugio supeditó el recorrido a elegir. Todo un clásico: Fuente Dé, la Canalona, Collada del Vidrio, Collada Bonita, Canal de la Celada y llegada al refugio en la jornada del sábado y regreso hasta Fuente Dé por Horcados Rojos el domingo.

Algunos ya hicieron noche el viernes para estar a primera hora y poder coger los primeros teleféricos que subieran y otros madrugaron para salir a las 5:30 desde Santoña. La mañana amaneció espectacular. Despejado, mucha gente en la cola, y los 12 trasmeranos con sus mochilas dispuestos a la aventura. Pese a las colas, enseguida empezamos a subir, en 3 viajes distintos y antes de las 9 de la mañana ya estábamos todos en la estación superior. Nervios y ganas por igual, así que pistoletazo de salida en busca de la sombra que aun nos dejaba la cara Sur de Peña Vieja. Mucha gente en el camino en estos primeros tramos: cruce hacia Áliva, Vueltona… y desvío hacia la Canalona. Aquí ya eran menos los que escogían este sendero minero al que llegamos a buen ritmo… eso si, la Canalona ya nos empezó a poner en nuestro sitio… aun con esto, a las 11 ya estábamos en el collado, y a partir de aquí y de forma irremediable: bajo el ardiente sol. El equipo estaba muy contento, pues en distancia llevábamos cerca de la mitad y con todo el día por delante… ¡¡pobres ilusos!!. Caminito de descenso hacia el collado de la Canal del Vidrio, no exentos de alguna protesta: que si no veo el camino, que si por aquí no bajo, que para que bajamos si luego hay que subir… nada que no solucionó una parada para picar algo y beber.

Para reanudar el camino, Iván dijo: “¿veis aquellos collados, uno parece una “U” y otro una “V”?... pues por el de la “V” hay que pasar, eso es Collada Bonita”. Murmullos y quejas varias entre los presentes que lo veían inalcanzable, pero ni con esas se libraron, ¡¡vamos para adelante!!

Con esfuerzo, ya que tocaba cuesta arriba y con un sol de justicia, pero en muy poco tiempo ya estábamos al pie de la subida final, algunos asegurando que por ahí no se podía subir. Pero de igual manera, para arriba tocaba. Llegamos al collado y la estampa del Jou tras el Picu y de la cara sur del Picu Urriellu, nos recibió imponentes. Parada para la comida con una pequeña sombra y aire que corre siempre. Fotos, risas, hidratarnos, comer… y vuelta a protestar. Que por dónde se baja, que por ahí no puede ser, que si hace falta una cuerda… venga, venga… a callar y todos por delante. La verdad es que la bajada es imponente por una primera parte más estrecha y pindia, una segunda pedrera incómoda, y una tercera con destrepes varios. Pero la constancia y la perseverancia son el mejor remedio, y lo que parecía imposible se volcó en logrado, no eran las 4 de la tarde y ya estábamos entrando en la Canal de la Celada. El grupo cansado pero ahora más animado porque el camino era mucho más visible y a sabiendas de que estábamos llegando. Aun así, el cansancio, el calor, y en algunos casos la ausencia de agua, hizo mella y más dura la bajada.

Eran las 5 de la tarde y llegábamos al Refugio de Urriello donde había mucha gente: senderistas, escaladores, montañeros… todos al amparo de la sombra del edificio y de la fuente de agua fresca… y también de las cervezas y coca-colas fresquitas que celebraban el triunfo de la caminata: 8 horas de caminata, para apenas 10km, con unos 1000mts de desnivel acumulado de subida y otros tantos de bajada.

Hasta las 18:30 no nos dejaron entrar al refugio… tras lo cual un poco de aseo, coger sitio en las literas y prepararnos para la cena que fue a las 19:30 (nos tocó el primer turno). Cena potente con ensalada de garbanzos de primero y pasta con tomate y carne picada de segundo. Para el postre yogur de macedonia y para beber el agua del menú, y unas cuantas botellas de vino y latas de coca-cola que corrieron por la mesa. Muy buen momento.

Lo bueno de cenar pronto es que tienes más tiempo para la sobremesa, disfrutando del atardecer desde Urriellu. Charlas varias, búsqueda de cobertura para mensajes varios, algunas cervezas y algún orujo… y al caer la noche disfrutar del espectacular cielo estrellado donde pudimos ver claramente (aunque alguno se empeñó en que no) al comenta NeoWise. Unos más pronto y otros más tarde, a las 12 de la noche ya estábamos en el saco, en un refugio casi vacío al cumplir las normas del Covid.

Tras el clásico recital de ronquidos varios, amanecimos. 7:30 de la mañana y tras desperezarse a por el desayuno. Relajados y sin mucha prisa fuimos recogiendo y preparándonos para la marcha que nos devolvería hasta Fuente Dé. Eran las 9:15 y tras el reportaje fotográfico donde inmortalizar nuestra presencia al pie del imponente Urriellu pusimos pies en polvorosa. El camino mucho más cómodo y andarín que el del día anterior, nos llevó en sombra hasta el pie de la subida a Horcados Rojos donde el sol ya no nos perdonó. Nos empezamos a cruzar con las primeras gentes que iban en dirección contraria a la nuestra y poquito a poquito, y no exentos de alguna protesta (y acompañados a la emisora del Coronel Trautman, Rambo, Rocky, Spock...), llegamos al collado a las 11:30. Fotos, descanso y vuelta al camino, que ya se veía Cabaña Verónica y todos sabíamos que nuestra meta estaba cerca.

A las 13:30 llegábamos a la estación superior del teleférico y poníamos fin a nuestra caminata en poco más de 4 horas, con algo más de 8 km y con 560mts de subida y 654 de bajada. Hidratación imprescindible en la cafetería donde los ánimos y las sonrisas por el trabajo hecho se hacían notar. Una hora después ya estábamos todos en los coches, algunos cogiendo carretera para volver a Santoña y otros aprovechamos para comer tranquilamente, lo cual hicimos en la Iglesia de Santa María de Lebeña, a la sombra de unos árboles y con una buena tertulia, con una sensación de calor pegajoso, se notó la diferencia de la parte de arriba de Picos a la zona baja del valle.

Sin lugar a dudas un estupendo fin de semana, tanto por el entorno como por la compañía que estuvieron como titanes en todo momento. Como se suele decir “no son buenos momentos para la lírica”, pero la actividad nos hizo sentirnos en la verdadera normalidad por momentos y eso no tiene precio.

PARTICIPANTES: Juanjo L., Soraya L., Esther L., Iván E., Ramón H., Elena R., Benja V., Ramón E., Roberto C., Manu R., Jose Luis H. y Javi C.

FOTOS DE LA ACTIVIDAD