Espeleología

     En la mañana del 27 de febrero, con el pueblo que acoge nuestro club con su clásica resaca carnavalera, nos juntamos 4 compañeros del Trasmiera para afrontar una jornada de instalación en la torca de Hoyón II, proyecto que teníamos en mente desde hacía unos meses.

  Previamente, dos de los participantes, Jonathan y Toño, se encargaron de la preparación de todo el material común que íbamos a necesitar ese día. Así, con el apoyo de la ficha técnica que pudimos consultar de la cavidad, se prepararon 4 sacas con un total de casi 400 metros de cuerda, 70 mosquetones, otras tantas chapas y algún que otra cinta plana, as y anillas.

   De este modo, con todo listo y reunidos en la localidad de Colindres, a las 7:30 de la mañana pusimos rumbo al parking de acceso a la boca de Hoyón II, en la localidad de Ojebar. Ya en el parking, nos pusimos el equipo individual mientras repasábamos por última vez el plan a desarrollar. La idea era cada uno encargarnos de una parte de la cueva trabajando a turnos.

    Tras una aproximación breve de unos 20-25 minutos, llegamos a la boca de entrada, admirando nuevamente cómo podían haberse formado dos cavidades de esas dimensiones tan próximas una de la otra, Hoyón II y Caballos.

  Cumpliendo con el orden establecido, a las 9:00 Toño inició la instalación por la entrada superior. Un primer rápel volado nos dejó ya en el interior de esta cueva que rápidamente se sucedería en un meandro muy estrecho y perfectamente formado, lo que sirvió de ejemplo perfecto de lo que nos íbamos a encontrar a lo largo de la actividad.

   Esta primera parte instalada por Toño se caracterizaba por resaltes pequeños de no más de 10 metros. La rapidez y trabajo pulido por nuestro compañero, sumado a la brevedad de los resaltes, nos hizo cubrir una gran parte del descenso en una hora y media. Con el ánimo subido, le tocó el turno a Ander, quien tendría que afrontar el primer pozo largo de la jornada, un P47 casi totalmente volado. Las dimesiones de esta galería, con paredes perfectamente pulidas y completamente lisas nos sacó los primeros gritos de asombro. Una vez en la base del pozo, Ander continuó con dos resaltes algo más incómodos por el agua que empezaba a caer sobre nosotros de manera suave pero constante. Esto no logró hacer decaer los ánimos a un grupo empeñado en agotar todos los chistes malos y recuperar canciones retro en cada actividad que nos juntamos.

     A las 11:45 pasó a ser el turno de Eduardo, quien se encargaría del P63, un pozo con diferentes cambios de dirección y fraccionamientos. Aquí es donde se produjo el evento que ralentizó los tiempos y es que, tras bajar unos 30 metros, la siguiente instalación no se encontraba en condiciones de progresar y se perdió algo de tiempo buscando a ver si existía alguna otra instalación alternativa, conclusión a la que se llegó ya que hasta ese momento, toda la cueva contaba con una instalación más antigua y otra más reciente. Al final hubo que meter otro spit para reforzar el que había no del todo correcto y salirnos hacia la parte del pozo más espectacular, donde la galería vertical crecía sobre nuestras cabezas y hacia abajo, donde aún nos quedaba un rápel de 40 metros, entre paredes perfectamente lisas y pulidas.

     Llegamos a la base de este pozo a las 13:30, hora que nos habíamos marcado de límite para comenzar de nuevo el ascenso. De este modo y tras reponer fuerzas mientras nos dividíamos los trabajos de desinstalación, emprendimos la subida. Esta tarea lastrando el peso de la sacas nos llevó un total de 4 horas en las que con una perfecta coordinación, fuimos recuperando todo el material por turnos cuidando el mantener el contacto entre todas las personas del equipo y revisando nuevamente que en el ascenso no se produjera ningún roce de cuerda que no hubiésemos detectado previamente.

    Al final, la última persona en salir por la misma boca por la que habíamos iniciado el descenso fue Ander a las 17:30, concluyendo una actividad dentro de la cavidad de 9 horas y media. Una vez todos fuera, solo quedaba volver al parking por el mismo camino de la ida y revisar todo el material siendo conscientes de que por mucho que revisáramos una y otra vez, Jonathan se iba a acabar quedando, una vez más, con un mosquetón de Eduardo (pequeña broma entre nosotros).

 

Participantes: Ander,Toño, Edu y Jonathan